sábado, 17 de febrero de 2018

El de la regadera

El de la regadera.

Este es el hombre que tiene una regadera vieja y abollada, por cabeza. Hizo un aparición, por primera vez, el año pasado. Este año ha vuelto a la Castellana.
Entre las asquerosas comparsas de "destrozonas" y de ganapanes vestidos de bebé, el hombre de la regadera es la única máscara que nos ha conmovido.
El hombre de la regadera, aunque inconsciente de su misión, viste un saco con dos agujeros y, para que sea más sayal de penitente, lleva, atada a la cintura una cuerda de esparto.
Ese animal que ha metido la cabeza en la regadera, no sospecha hasta qué punto es, en la capital de España, la máscara nacional, la mascara representativa...
El hombre que tiene usa regadera por cabeza es lo suficiente bruto para dar terribles golpes, con un palo, a su cabeza, es decir a su regadera, con la cual, sin saberlo llega a ser más simbólico que nunca. El infeliz no llegará jamás a saber lo conmovedora que resulta su salvaje diversión, ni corno nos hace pensar en la inconsciencia de todo un pueblo ese afán de golpearse la cabeza-regadera hasta el aturdimiento, con tal de hallar una distracción a sus pesares y alejar todas las preocupaciones.
¿Qué hace esa multitud, que rodea al desgraciado mascarón, sino golpearse la regadera? ¿Qué hacen esas comparsas con sus brincos, saltos, gritos y alaridos ensordecedores, mientras Europa se desangra y España se precipita al abismo? Por el canal de la inconsciencia popular, que es, en estos días, el gran Paseo ciudadano, desfilan lentamente los hermanos espirituales del hombre que tiene una regadera por cabeza. Y el mascarón absurdo -elevado sin saberlo a la categoría de símbolo nacional- se ha detenido junio a la verja del hotel de la Presidencia del Consejo. El trágico simbolismo del hombre de la regadera se nos ha hecho todavía más patente ¡Oh, la tristeza de nuestro eterno Carnaval!

SANTIAGO VINARDELL
Madrid, domingo de Carnaval de 1918


(De la hemeroteca de La Vanguardia, 17 de febrero de 1918, página 11)

domingo, 11 de febrero de 2018

Incompetencias básicas

En el examen de "competencias básicas" que todos los estudiantes de 4º de ESO catalanes realizaron la semana pasada aparecen dos ejercicios relacionados con la probabilidad.

En el primer ejercicio se lanza un avión de papel 50 veces por tres personas diferentes, y de los 50 lanzamientos, en 12 el avión cae en una cierta franja "C".



Se pide al alumno que, a la vista de los datos expuestos, diga qué probabilidad hay que el avión, después de estas 50 tiradas, caiga en la franja "C".
La respuesta "correcta" es tan fácil como dividir 12/50=0.24.

¡Qué fácil, qué chachipiruli son las matemáticas competenciales!

En el otro problema de probabilidad se tiran cuatro aviones de papel, que caen en determinadas franjas, y a la vista de los resultados en forma de diagramas de barras se pregunta cual de los cuatro aviones tiene más probabilidad de caer en la franja "C".

El alumno, a la vista de las barras, debe "deducir" que es el cuarto, pues es el que ha caído más veces.

¡Qué guai! ¡Cómo molan las matemáticas competenciales!

Dos ejercicios que son excelentes muestras de la nueva educación "por competencias". Son matemáticas aplicadas a la vida real, nada abstractas y sencillas, fáciles... Una nueva matemática para una nueva generación...

 Pero ¡ay! tienen un pero, y es que hay gente amargada, de verdad, que vamos a fastidiar la fiesta de las matemáticas competenciales...

Resulta que son falsas, rematadamente falsas.

Porque los dos ejercicios son mentira. No se puede deducir una probabilidad por una muestra. Si tiras una moneda 50 veces y en las 50 sale cara, la probabilidad de que después salga cara no es 50/50=1, es 1/2, te guste o no, (a no ser que seas uno de los gurús educativos de la nueva matemática competencial, naturalmente).

En ningún libro de texto de matemáticas de Catalunya (ni de fuera) aparecen semejantes barbaridades. Ningún profesor de matemáticas de Catalunya plantearía nunca semejante despropósito de ejercicios. Estos dos ejercicios son dos muestras magníficas de qué NO se puede hacer nunca.

Irónicamente, un examen que pretende evaluar las competencias básicas de los alumnos se convierte en el mejor evaluador del abrumador nivel de incompetencias básicas de los engreídos gurus de la nueva educación basada en "competencias básicas". Exigen una educación fácil, con alumnos fáciles y profesores fáciles y tendrán una educación fácil, por las buenas o por las malas.


Podéis descargar todo el examen en
 http://csda.gencat.cat/web/.content/home/consell_superior_d_avalua/pdf_i_altres/prova_avaluacio_eso_2018/4ESOMATES2018.pdf

BonusTrack: Ya he denunciado anteriormente en este mismo bloc el terrible abandono de la probabilidad en el bachillerato catalán: http://toomatesbloc.blogspot.com.es/2014/10/corrupcion-politica-y-campana-de-gauss.html

sábado, 10 de febrero de 2018

Dos artículos de La Vanguardia (10/2/1918)

(Diario La Vanguardia del domingo 10 de Febrero de 1918, páginas 10 y 11)

DE LA GUERRA

Todos contentos

Es indudable que desde hace mucho tiempo se respira, por decirlo así, un ambiente favorable a la paz. Sólo de paz hablan los periódicos, y en particular ciertos periódicos de Viena y de Berlín. De la paz se trata en las reuniones de los comisarios del pueblo de Petrogrado y en las conferencias, más o menos lentas, de Brest-Litovsk; la paz quieren las cien mil mujeres que entregan sus tarjetas o sus firmas al conde Czernin; por la paz dejaron el trabajo gran número de obreros alemanes. La paz es el tema de todos los discursos de los ministros y de los jefes de los gobiernos  de los pueblos en guerra. La paz os anuncia el amigo «que está enterado», y el viajero que viene del extranjero y que «ha bebido en buenas fuentes». La. paz se impone a todos, os demuestran con cifras y argumentos varios, los que hallan físicamente imposible que la lucha pueda continuar, dado el agotamiento general del mundo.

Todo ello es exacto; pero cuando se desciende de esas consideraciones al campo de las afirmaciones concretas, se observa que la discordia esencial entre los dos bandos beligerantes continúa viva como siempre. Alemania no quiere hablar de paz sino sobre el fundamento de su integridad territorial: de los demás asuntos trataría con los aliados en cuanto éstos declarasen que se hallaban dispuestos a aceptar aquel principio. Y como la coalición contra ella formada quiere que la paz se establezca con el arreglo del pleito de la Alsacia Lorena, amén de la rectificación de la frontera italiana, no se vislumbra el miedo de que ambos bandos se pongan de acuerdo. Así lo reconoce la declaración publicada por los representantes de los países aliados, después de la conferencia que acaban de celebrar en Versalles.

Puede presumirse que, para solventar las diferencias que separan a los beligerantes, se hacen tanteos de diversa índole, de muchos de los cuales—á pesar de la condenación de la diplomacia secreta—no tenemos seguramente conocimiento. Todos procuran pasar la soga de la paz por el tenue ojo de la aguja que ha de coser tantas voluntades hoy descosidas; todos intentan realizar el milagro de la conciliación general, sobre la base de las propias ganancias y detrimento de las ajenas. Pero en lo que unos llaman conciliación lo entienden otros como derrota, y mientras exista esa confusión de lenguas y de conceptos, es extremadamente difícil que los gobiernos interesados lleguen a fundamentar la paz sobre cimientos consistentes.

Separa además, profundamente, a los bandos opuestos, factores psicológicos, que nosotros no podemos comprender, porque no nos llegan a lo vivo los asuntos de la guerra; pero que son esenciales en esas tremendas discordias de los pueblos. Los asuntos materiales, que despiertan y avivan la codicia, no bastan para impulsar al hombre hasta el sacrificio de la vida; antes al contrario, el afán del lucro material más bien acrecienta el egoísmo y entorpece los grandes movimientos del espíritu. Así, cuando vemos que la gran guerra ha causado tantos desastres y las armas continúan en las manos de los combatientes, hemos de opinar—y efectivamente es así— que un profundo estímulo psicológico mantiene vivo el anhelo de pelear. El estímulo es, principalmente, el odio. Imposible es que nos hagamos cargo del odio acumulado en las naciones en guerra. Hay sensaciones y sentimientos que se pueden compadecer, aliviar, socorrer, mitigar; lo que no podemos hacer nunca es poner nuestra carne o muestro espíritu en el lugar de la carne y del espíritu ajenos. Podremos, con lástima en el corazón, dar un pedazo de pan al hambriento ; pero lo que es imposible es que sintamos aquella hambre en nuestro estómago. así pasa con el odio, del cual podemos tener idea y explicárnoslo, pero jamás lograremos sentirlo, como lo sienten los beligerantes.

Recuerdo que, en la primera quincena de septiembre de 1914, un general francés, que tomó parte en las operaciones del Marne y contempló la rápida retirada alemana, exclamó con el acento que el lector puede suponer: «¡Hace cuarenta años que mi alma se alimentaba con la esperanza de ver este espectáculo!». Cuarenta años de odio, cuarenta años esperando la hora del desquite: no; ni tú ni yo, lector, podemos comprender lo que eso significa y val.

Y esto pasa en todos los pueblos en pugna. Odios acrecentados durante la guerra por las hecatombes de las batallas, por la luz de los incendios, por los gritos de los náufragos, por la bomba que cae rápida del cielo y vomita espanto y muerte en medio de ciudades apartadas de los lugares en donde se combate.

Sólo otra acción psicológica puede servir de freno a la acción del odio. Y es la depresión moral causada por la misma guerra y por las miserias que produce. Por esa razón podemos observar que las masas populares, en las cuales es mayor el sufrimiento, son las primeras en pedir que se restablezca la paz, y la influencia de esas masas populares para resolver el problema se hace sentir tanto más, cuanto más aumentan aquellos sufrimientos.

Los estragos de la miseria son causa de que, viendo que los gobiernos adversarios no saben entenderse, las fuerzas proletarias quieren prescindir de ellos y ponerse directamente de acuerdo. No es la primera vez, ni será la última en la historia, que la voz del pueblo, la voz de Dios, intenta resolver los más grandes conflictos de las mayores potestades de la  tierra. El pueblo, la masa anónima, carece de formulas, de estamentos, de tratados secretos, de todo lo que liga y encadena a las oligarquías. Por esto puede, en menos que canta un gallo, cambiar de pensamiento, y escribir paz donde antes tenía escrito guerra, o al contrario, La voz del pueblo, es evidente, se hace escuchar cada día con mayor fuerza. En Inglaterra, la acción popular—masculina. y femenina— colabora directamente en la gobernación del Estado. En Alemania, pretende hacerlo igualmente, y, para acallarla, ya no basta el estado normal de guerra, sino que se ha establecido otro estado de guerra más estrecho, de un orden más coercitivo, aplicándose la vieja teoría de que al que no quiere caldo hay que darle dos tazas y, del mismo modo, al que no quiere guerra, hay que darle dos estados de guerra, y, por añadidura, enviarle al frente de combate, para que olvide sus afanes pacifistas.

En el balance del odio y del sufrimiento se halla actualmente el gran conflicto internacional. Cuando suena la palabra «ceder» el odio se aviva, y, por el contrario, se piensa en la paz, cuando los padecimientos se hacen mayores, cuando la falta de las cosas necesarias para la vida se hace más sensible.

Que el déficit general de lo que es preciso para vivir aumenta incesantemente, no hay para que entretenerse en demostrarlo. Sin embargo, los fenómenos universales son muy complejos, y es, por lo tanto, preciso, para formar cabal juicio de la situación del mundo, mirar las cosas por todos sus costados, y no dar por acabada la lectura de un dictamen hasta haber leído enteramente el anverso y el reverso del papel. Sólo así nos enteraremos de que en Europa hay algo más que disgustos y miserias. Ya espliqué, la semana pasada, las satisfacciones de Orlando, primer ministro de Italia. La conferencia interaliada, celebrada en Versalles durante los últimos días, ha sido igualmente un manantial de satisfacciones, pues no ocultan su contento ni Lloyd George, ni Glemienceau ni ninguno de los demás concurrentes, por los resultados obtenidos en las reuniones a que hago referencia. Y si leemos la prensa del otro bando, sólo motivos hallamos, en ella, de regocijo. Las negociaciones de Brest Litovsk llevan marcha adecuada, las huelgas alemanas se han contenido con el envío al frente de varios oradores populares, los pangermanistas se relamen de gusto pensando en las anexiones del Este y en los productos de la cuenca de Briey, que quieren arrancar a Francia definitivamente, con ayuda de la labor, no menos satisfactoria, de los submarinos y el apoyo de las 200 divisiones, o más, de que ahora piensan disponer en el frente occidental. Conceptos que no arredran, sino que animan a los aliados, que aseguran destruir continuamente más submarinos que los que puede fabricar Alemania, y que esperan hacer imposible la proyectada, formidable, ofensiva germánica, gracias a la superioridad del aire, que dicen tener, y merced a la cual han derribado, en el mes de enero 290 aeroplanos alemanes, por 101 que han perdido los aliados en todos los frentes.

Y por si el cuadro de la alegría general no fuese bastante pintoresco, puede añadirse a él un anuncio, en letras bien gordas, que insertaba, hace pocos días el más importante de los diarios londinenses, entre el relato de un bombardeo y el de un naufragio: Montecarlo, palabra mágica, seguida de aquellas otras tan sabidas: season incomparable, sol espléndido, estrellas del arte, cuadro de ópera insuperable... Sépanlo, pues, las generaciones futuras, que acaso algún día consideren con lástima lo mal que andaba el mundo en estos días de conmoción universal: se va pasando como se puede, con los teatros de las grandes capitales en guerra llenos a rebosar y no vacías las salas de ciertos casinos alrededor de las mesas consabidas. La cristalina esfera sigue, como siempre, bañada en luz, para hacer bella la vida. ¿Quién, en efecto -como dijo Espronceda- alcanzará a parar la veloz carrera del mundo hermoso, que al placer convida...?

MARIANO RUBIÓ Y BELLVÍ

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POR LA MIRILLA

Renovación

No sé si es el pícaro pesimismo que tenemos metido en el alma: estamos en plena lucha electoral, asistimos a la algarada política de la renovación, y a pesar de lo que se afirma y se comenta, no obstante la chillería de los periódicos, no parece que el país se haya conmovido profundamente, ni que vayan a cambiarse los procedimientos viciados de nuestro sistema representativo, ni que pueda salir España del atolladero donde la dejaron, hundiéndose, la rutina y la ineptitud. Así observamos que se habla de los bailes de máscaras, porque estamos en Carnaval, y de las subsistencias, porque continúa la crisis. Pero la agitación política no es cosa sino de políticos.

Sin duda la situación de España es muy grave. Nos da la sensación de una nave que ha perdido su gobierno y su arboladura; que además tiene revuelta la tripulación, porque faltan el capitán y el timonel y sobran los aspirantes a sustituirlas, y que va fatalmente empujada por el oleaje a estrellarse contra las rocas, mientras reina a bordo la anarquía. Pero es 1o extraño del caso que el pasaje no se inquieta ni deja de sonreír con una desconcertante tranquilidad. Hay quien repite como para poner en cuidado a los miedosos;- «¡Nos estrellaremos! ¡Nos estrellaremos! » Y otros, acostumbrados a correr temporales, encuentran muy divertidos los balanceos, ó alzan los hombros con indiferencia, demostrando que no les importa naufragar o que consideran que el naufragio como desenlace inevitable.

Habíamos entendido la renovación como el despertar de la conciencia nacional, y a la postre resultará que el país sigue como un tronco y que sólo han despertado nuevas ambiciones semejantes a las viejas, hombres renovadores parecidos a los decadentes, y continuará en el mismo terreno pantanoso donde quedó atascada la carreta de bueyes que podría significar la cosa pública.

Leed las informaciones de la prensa sobre la campaña política. Es la eterna lucha de partidos, de los viejos partidos. La nación, en cuanto representa una fuerza viva, en cuanto significara una verdadera ansiedad por la reforma, orientada pro patria semper, no ha dado un hombre, no ha presentado un programa. Si hay una España nueva, trabajadora y progresiva, está vuelta de espaldas y vive ajena a toda ciencia o arte de gobierno. Y los hombres  nuevos ¿quiénes son, si algunos han surgido de la promiscuidad en que se viven políticamente desde que comenzamos a renovarnos?.

Un día nos da un amigo la noticia: "¡Hombre! ¿Sabes quién se presenta candidato ? Pajarete, aquel muchacho que primero escribió zarazuelas, después hizo revistas de toros y, por último, quiso ser actor y fracasó porque tartamudeaba ira poco. Le recuerdas, eh? Estaba, desesperado. Se le habían agotado los recursos cuando encontró su camino: será diputado. No tiene más que esperanzas y ya me ha ofrecido su protección y un cigarro habano. Fuma de lo mejor de Vuelta Abajo.



Otro día leemos en la lista de candidatos un nombre que nos hace también recordar... ¡Caramba, Fulano, aquel señor que fue presidente de La Pandereta Recreativa y que tenía como habilidad muy festejada, el imitar a la perfección el cacareo de los pavos! Al aproximarse las Navidades el buen señor estaba en sus glorias. Iba bromeando por la calle con sus amagos, y de pronto, inopinadamente, hacía gala de sus talentos imitativos con sus  con un glo-glo-glo-glo que no parecía sino que allí estaban los paveros con sus manadas fasiánidos. Algunas mujeres del vecindario se asomaban y el presidente de La Pandereta se reía entonces como un bendito de Dios. Por lo visto, quiere ahora, llevar la broma al Congreso; pues, aparte esta habilidad muy remarcable y el haber  hecho una fortuna con su negocio de ultramarinos, no se le conocen otras disposiciones especiales.

Y así, entre los hombres nuevos que nos habrá proporcionado la renovación, citaríamos otros ejemplos pintorescos de vacuidad, de ambición personal, de insuficiencia y de osadía que en todo tiempo han sido abundantes en la política española. Sin ir más lejos, ahí está don Feliciano, del alto periodismo, también renovador, a quien le guardan los cajistas el secreto de infinitos deslices ortográficos. A don Feliciano, que no tiene condiciones de orador, le preguntaron si pensaba hablar en la Cámara, y contestó, impertérrito, a la ironía:—No; no pienso hablar, porque no soy hombre de palabras: soy hombre de ideas.

Y es lo que decían sus íntimos:—¡Qué idea la de Feliciano!- ¡Miren que empeñarse en ser diputado!...

Vamos, que no; que no es posible, que no puede ser: España no se renueva. Unos días de entusiasmo, mucha chillería, de prensa, movilización de los partidos, viajes de propaganda electoral, mítins, conferencias y banquetes. Al final ya lo verán ustedes: Parturient montes ridículos mus.

Todo eso de la política de renovación es como un cuento que me ha venido a las mientes y me parece oportuno referir.

En una de las casas más viejas del casco antiguo de la ciudad, vivía un viejo matrimonio, cuyos hijos, ya todos mayores y algunos casados, buscaron, lejos de aquellas callejuelas obscuras y retorcidas, bellos horizontes que fueran estímulo para su juventud y ancho campo donde emplear sus actividades. Uno se embarcó, pensando que en América estaba su porvenir; otro decidióse a cruzar los Pirineos y recorrió toda Europa para conocer todas las manifestaciones de la vida moderna en los grandes centros de civilización: el tercero quedóse en la ciudad, pero tenía su casa en uno de los barrios modernos, puesta con todo confort y rodeada de un ameno jardín, donde jugaban al sol dos niños rubios  y con arreboles de aurora.

En la vieja casona de los abuelos todo era triste, sombrío y caduco. Se cansaba el matrimonio de mirarse a la cara y de verse envejecer día por día. Los muebles grandes, severos, ocupando cada uno su  lugar desde hacía medio siglo, proyectando al atardecer sobre las paredes invariablemente las mismas sombras, eran comidos por la polilla lentamente, solemnemente, y el fino oído de los señores percibía, en medio del silencio de su soledad, la quejumbre leve de la madera al recibir la herida sutil que la minaba por mil partes distintas. Los pasos sonaban sobre el entarimado de un modo fatídico y hacían recordar la sentencia del Eclesiastés: «Cada paso que damos nos acerca a la sepultura».

El viejo matrimonio era feliz, porque sabía que lo eran también sus hijos; pero les amargaba la vida el espectáculo de sus caducidad, reflejada en cuantos objetos había en su rededor. Así llegó a sentir la necesidad de renovarse, y pensaron los esposos buscar otra casa, en una calle más ancha, por donde pasaran tranvías, coches, automóviles, una riada, en fin, de modernidad tumultuosa. Lo importante era olvidarse de sí mismos, de sus horas contadas, incorporándole a la ciudad. Pero los viejos son abúlicos, y les cuesta mucho decidirse a cambiar de vida, Y a pesar de animarles sus hijos y sus nietos para que  abandonaran su cascaron, los dos esposos, horrorizados ante la idea del trajín que se les venía encima, decidieron no moverse; pero, en cambio, como ensayo de renovación, hicieron restaurar los muebles y cambiarlos de sitio.

Así tuvieron de qué hablar durante una temporada y se distrajeron por unos meses de sus lúgubres ideas, que giraban siempre alrededor de la muerte.

Desgraciadamente, pasado el entusiasmo de los primeros días, no lograron acostumbrarse a la. nueva distribución que se había dado al menaje, y cada vez que necesitaban de un objeto cualquiera, ya se guardara en una cómoda, ya en el bufete o en un armario ropero, tenían que hacer memoria, no recordaban bien. «¿Dónde estaba la levita negra? ¿Qué se hizo del paquete de cartas que guardábamos de nuestro hijo Luis? La receta aquella para los ataques de gota ¿donde la metimos?» Conflictos semejantes surgían todos los días. La memoria de los viejos flaqueaba: a veces, por dirigirse al bufete, la señora se iba al tranchante¿?, o buscando su marido  un papel que debía estar en el escritorio, abría un cajón el chaffonnier.

Fue inevitable uno a uno, todos los muebles volvieron al sitio que habían ocupado durante cincuenta años, y proyectaron de nuevo sobre las paredes sombras familiares. Otra vez se cargaron de polvo y continuaron gimiendo levemente, mientras los viejos moradores del caserón iban contando los pasos que les aproximaban al sepulcro.

La renovación vino más tarde y de un modo radical, cuando fue demolida la casa por los piquetes Municipales, al comenzar los derribos de la Reforma.

Tocante a la política española, nos parece que la hora de la renovación, verdadera y profunda, no ha sonado. Muchos de los que vienen con aire de renovadores, más tienen facha de pasteleros que de albañiles.

JOSÉ ESCOFET 

domingo, 28 de enero de 2018

Espacios entrelazados: Napoleón vs. los imbéciles que te pagan la nómina

En el Palacio Velázquez de Madrid está teniendo lugar la exposición «Esther Ferrer. Todas las variaciones son válidas, incluida esta" (26 de octubre de 2017 – 25 de febrero de 2018). En el mes de marzo se celebrará en el Museo Guggenheim de Bilbao la exposición «Esther Ferrer. Espacios entrelazados» (16 de marzo – 10 de junio, 2018)...» (Link)

En los años ochenta, la artista Esther Ferrer realizó la serie de pinturas titulada "Triángulo de Napoleón":


Basada en el famoso "teorema de Napoleón": "El triángulo formado uniendo los circuncentros de los tres triángulos equiláteros trazados exteriormente por los lados de cualquier triángulo es equilátero".

Este teorema lleva el nombre del general y emperador francés Napoleón Bonaparte (1769-1821). Aunque es muy dudoso que tuviera los conocimientos matemáticos para descubrir y demostrar dicho teorema, es indudable es que Napoleón tenía una sólida formación matemática.

Fue el mejor alumno en matemáticas en su etapa escolar en Brienne, donde estudió álgebra, trigonometría y cónicas, pero sobre todo geometría. El famoso matemático Pierre Simon Laplace (1749-1827)  le entrevistó para su ingreso en la Escuela Militar de París.

Durante su campaña en Egipto estuvo acompañado de eminentes matemáticos como Gaspard Monge (1746-1818) y Joseph Fourier(1768-1830), y a su regreso, después de realizar el golpe de Estado que le convirtió en Emperador de Francia, otorgó a la formación matemática un papel prioritario en la educación de los ciudadanos dentro de su modelo de Estado, el Estado moderno. Suya es la famosa cita «El avance y perfección de las matemáticas está íntimamente ligado a la prosperidad del Estado».

Por poner un ejemplo, fue la influencia napoleónica la que impuso el sistema métrico decimal en España y erradicó la amalgama de sistemas métricos regionales y locales que existía hasta aquel momento.

De la misma manera que Matemáticas y Estado moderno van de la mano a lo largo de los siglos XIX y XX, la degradación del Estado moderno y la degradación de la educación matemática van de la mano desde finales del siglo XX.

En la educación se impone el modelo «posibilista»: Todo es posible, todo se puede hacer, que es la negación misma de las matemáticas. Es convertir al ciudadano libre moderno en un niño, esclavo de sus pasiones.

En una escuela de mi barrio tienen a bien pintar grande en el patio «Com que no sabiem que era impossible, ho vam fer», (Como no sabíamos que era imposible, lo hicimos). ¡Ah, qué bello eslógan! Esto igual está bien para aprender a ir en bicicleta o jugar a fútbol, pero ¿Cómo enseñan en esta escuela, con semejante principio, lo que se puede hacer con la botella de lejía que tienen los padres debajo del fregadero? ¿También se puede hacer todo con la botella de lejía? ¿Y para cruzar la calle? ¿No hay imposibles para cruzar la calle, o hay que hacerlo en el paso de cebra? ¿Y con los enchufes, no hay imposibles con los enchufes? Este eslogan proclama las bondades de la ignorancia: "Como no sabíamos, lo hicimos", es decir, "Cuanto menos sepamos, más haremos", la ignorancia es libertad, el conocimiento es esclavitud.

Matemáticas contra la dictadura infantilista happy-flower del «todo es posible», una perversión educativa y moral que poco a poco va haciendo metástasis en todo el sistema educativo, y más allá, llegando también al mundo empresarial.

Os dejo con dos videos, en inglés, en los que se muestra, con humor y con matemáticas, los estragos que el posibilismo estúpido imperante está haciendo en el contexto empresarial. El imbécil del jefe que exige un "left angle", pues si hay "right angles" también habrá "left angles" (en español un equivalente podría ser pedir un ángulo "torcido" pues hay ángulos "rectos"). Napoleón le hubiera fusilado, ahora paga tu nómina.



En este otro vídeo, se piden (¡no existen los imposibles!) dibujar rectas transparentes, y siete rectas perpendiculares entre ellas.


Nos mandan, dirigen y gobiernan majaderos incultos que en otras épocas en las que se promocionaba el talento y el conocimiento estarían cultivando patatas.

domingo, 21 de enero de 2018

La Saga Millet: El poder corruptor del nacionalismo

El 15 de enero pasado La Vanguardia publicaba la noticia: Fèlix Millet era condenado a 9 años de cárcel por su participación en la trama del 3%, la «mordida» oficial que Convergència i Unió (el partido nacionalista institucional catalán, más de treinta años en el poder) se llevaba de toda obra pública de Catalunya. Fèlix Millet es el símbolo vivo de la degradación y corrupción política de Catalunya después de 30 años de nacionalismo.



http://www.lavanguardia.com/politica/20180115/4435202006/caso-palau-condena-feliz-millet-jordi-montull-daniel-osacar-cdc.html

Exactamente cien años y un día antes, el 14 de enero de 1918, el mismo diario La Vanguardia informaba de que un grupo de ciudadanos de El Masnou, una pequeña población turística costera al norte de Barcelona, habían organizado un mítin público para denunciar lo que consideraban una inmoralidad inaceptable.

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1918/01/14/pagina-7/33307206/pdf.html

"Ilustres hijos y entusiastas admiradores de la hermosura y honestidad de la villa de  Masnou, llamaron á los vecinos de ésta y de otras poblaciones de la comarca para que con el calor de los aplausos exteriorizasen su conformidad absoluta con quienes, no dejándose alucinar por el señuelo de especiosas abundancias, muéstranse intransigentes respecto á la instalación de un casino de recreo en la orilla de aquel trozo de mar levantino, bello recuerdo de una era de riqueza y prosperidad por el trabajo..."

Protestaban contra la pretensión de construir un casino de juego en su población.

"...Se hace constar en ella, que el pueblo de Masnou formula la más enérgica protesta contra el intento de establecer el juego de la ruleta; se pide que las autoridades interpongan un valioso influjo para que el intento no prospere y se les advierte que si el propósito se llevara a efecto todos los firmantes del documento, ejercitarán cuantas acciones legales fuese posible para impedir que el escudo de Masnou canjeasen en vez de la casita blanca y las llaves un tapete verde y unos dados..."

Entre los organizadores del evento encontramos a Luis Millet (1867-1941), hermano del abuelo de Fèlix Millet. Lluis Millet, hijo predilecto del Masnou, también conocido como "el maestro".

"...Don Luis Millet lee sus cuartillas. Manifiesta que un sentimiento de pena casi llega a borrar el gozo intenso que la vista del mar azul y la atmósfera despejada y serena le causan cada vez que llega a su tierra natal. Esa pena le induce a excitar a los hijos de dicha vila a que guarden fielmente el sello de su honor, que no es la honestidad de los pueblos cosa que pueda periódicamente alterarse, como las  sino que es permanente y eterna como la ley de Dios de donde dimana. Es lícito el juego en sí, y aún constituye un descanso para el espíritu; pero es altamente reprobable el juego cuyo motor es la ardiente ambición de poseer riquezas sin trabajo, maldita y aborrecida por la sana conciencia humana. Y es mucho más peligroso para la moralidad ambiente el juego elegante que el tabernario, porque éste ya es en su conjunto bastante repulsivo. ¡Explotar el vicio, qué vergüenza! La frase indica un cinismo que no tiene, no puede tener ningún hermano nuestro..."

Luis Millet, el compositor de música, acérrimo catalanista, autor de la adaptación para coro del "Cant dels ocells" y del "Cant de la Senyera" entre otras obras.

Las tres generaciones Millet: Tio abuelo, padre y nieto: Lluís Millet i Pagès (El Masnou, 1867-1941), compositor y director de coro, Fèlix Millet i Maristany (Barcelona, 1903-1967), financiero y mecenas cultural, y finalmente el nieto, Fèlix Millet Tusell (Barcelona, 1935), empresario y corrupto oficial del régimen.

En exactamente cien años, sin salirnos de la misma rama familiar, sin salirnos del mismo país, sin ni siquiera salirnos del mismo periódico, los Millet siempre han estado detrás del escenario, son un magnífico especimen para estudiar el ciclo vital del nacionalismo, desde sus orígenes patrióticos, constructivos, dignos, de como empiezan a introducirse intereses empresariales, financieros, (en el caso de esta familia es espectacular: Banca Catalana, el Banco Popular, el Opus Dei, la fundación de Òmnium Cultural...), como los principios patrióticos se van corrompiendo por la codicia económica, hasta acabar podridos en la corrupción, la corrupción más profunda: La corrupción económica, la corrupción política y la corrupción moral. Hasta que todo reventó en el aquelarre independentista del "procés".

Una saga familiar para poder sentir ternura cuando el niñato cupero de turno nos señale con el dedo acusándonos de no estar a favor del "derecho a la autodeterminación del pueblo catalán".

Y finalmente, en el terreno educativo, una saga familiar para poder explicar cómo es posible que la consellera de educación catalana, Clara Ponsatí, acabe "exiliada" en Bruselas. "Todo empezó hace cien años, cuando los padres de la patria, como Lluis Millet..."

Las últimas palabras de aquel discurso de 1918 son magníficas:

"...Terminó su discurso manifestando que es forastero en un pueblo aquel que quiere cambiar el modo de ser del mismo, y que muchas veces la 'forasteralla' no hay que buscarla en el exterior, sino que procede de dentro".

domingo, 14 de enero de 2018

Principios de Antididáctica: La sensación de libertad que siente el esclavo que huye

Un amable lector del bloc “Antididáctica” me escribió hace unas semanas el siguiente comentario:

“Creo que mezclas cosas y se te ve la orientación política. Habla de didáctica y antididáctica, que parece interesante, y no metas la cuña unionista. Hablemos de educación...”

“Crec que barreges coses i se’t veu la orientació política. Parla de didàctica i antididáctica, que sembla interessant, i no hi posis la falca unionista. Parlem d’educació...”

Mucho me temo que este lector me pide, por su tono tal vez diría que me exige, algo que no le podré dar. Intentaré explicarme.

La antididáctica es liberación. Este bloc mío es un testimonio personal de liberación. Concretamente de la liberación que supuso para mí, después de muchos años de devoto y ferviente creyente en eso llamado pedagogía o didáctica, llegar a la conclusión de que todo es mentira. Toda la supuesta “ciencia” de la didáctica y la pedagogía es un enorme embuste que sólo produce frustración. Es la peor y más peligrosa de todas las pseudociencias. La pedagogía pretende guiar al estudiante en su camino al  conocimiento, pretende enseñar al profesor caminos y atajos para llegar al conocimiento, pero lo único que consigue es crear un bosque aún más grande y espeso con sus propios conceptos, en el que todos nosotros nos sentimos aún más perdidos que antes.
Cuando compras pedagogía compras un mapa de carreteras por un euro, pero que al abrirlo te exige comprar la guía para entender el mapa por diez. Y si al menos acabara aquí la broma, pero es que la guía resulta ser un galimatías indescifrable...

En la naturaleza hay flores. Y las flores son bellas. Y están para que las contemplemos, para que las estudiemos, para disfrutar de ellas. Y resulta que las flores para crecer necesitan abono. Pero las flores son flores y el abono es mierda. No es lo mismo. En la cultura encontramos infinidad de cosas hermosas en que fijarnos, que valen la pena estudiar, y sin embargo hemos acabado todos enfangados y chapoteando en la mierda pedagógica.

Dicho esto, vale la pena hacer la siguiente puntualización. En el mundo de la pedagogía encontramos los casos de fraude más escandalosos imaginables, y los individuos más miserables, pero no todas las pedagogías son un fraude. Dentro de la pedagogía se suele trazar un eje “Pedagogía clásica” vs. “Nueva Pedagogía”, y en este eje la antididáctica siempre estará a favor de la primera porque es honesta, es la que se atreve (¡que osadía!) a decir la verdad: que no hay camino ni atajo al conocimiento, que sólo se llega al conocimiento mediante el esfuerzo, la constancia y la disciplina personal, “caminante no hay camino...”. Entre los defensores de la “pedagogía clásica” encontramos personas honradas como Alberto Royo, profesores que saben lo que es estudiar porque han estudiado, que no se cansan de denunciar las trampas de la “Nueva pedagogía”, mientras que en la “nueva pedagogía” encontramos “expertos” como César Bona o Eduard Vallory, iluminados, titireteros, charlatanes que afirman saber qué es estudiar porque “lo” han estudiado.

Pero la antididáctica no es esto. La antididáctica es la liberación de todo esto. Es el negro que un día decidió no cortar más leña para el amo blanco, y con el hacha rompió la cadena. Y corrió hacia el bosque, libre. Eso es la antididáctica. La sensación de libertad que sentía aquel negro huyendo en aquel  bosque de Luisiana. Pero ese negro no irá muy lejos. Porque el sheriff de Wichita reunirá a sus secuaces y sacará los perros en su búsqueda, y lo atraparán. Por muchas películas de Hollywood que haya visto aquel negro, por muchos riachuelos en los que se meta para evitar ser olido por los perros, por mucho que corra, al final lo atraparán. Y será colgado de un palo bien alto. Ese cheriff es el nacionalismo.



La cadena pedagógica que nos esclaviza tiene su equivalente político en la cadena aún más fuerte, aún más dura del nacionalismo. Los profesores que desde hace años denunciábamos la corrupción educativa de la “nueva pedagogía” en realidad anticipábamos sin saberlo la corrupción nacional en la que se encuentra la España actual, corroída por el nacionalismo.

Qué quieres que te diga. La misma nausea, la misma repugnancia que siento por la “nueva pedagogía” es la misma que siento por el nacionalismo, en particular por el "procés sobiranista" que vive Catalunya en estos momentos. Son el mismo crecepelo milagroso del camino fácil, sin esfuerzo, sin sacrificio.

El teorema más importante de la geometría, el Teorema de Tales, dice que las proporciones se corresponden por paralelismo. Podemos trazar un paralelismo entre la educación y la política, con el que deducir que la “nueva educación” es al aprendizaje lo que el nacionalismo es al patriotismo. La “nueva educación” es la corrupción de la experiencia del aprendizaje lo mismo que el nacionalismo es la corrupción del espíritu patriótico. La “nueva educación” y el nacionalismo son lo mismo, son la misma mierda, que se necesitan y se potencian la una a la otra, y que se combaten con la misma arma: La cultura, leer libros, "rechazar los intermediarios", los salvapatrias, se llamen Eduard Vallory o Puigdemont. Es más, especulo con la idea de que la pedagogía es un producto del nacionalismo.

Con el "procés" me pasa lo mismo que con la "Nueva educación": Simplemente no me las creo, no las trago. No sé si me explico.

Si un esclavo huye de su amo y se refugia contigo, no lo devuelvas a su amo.
Deuteronomio 23:15

domingo, 7 de enero de 2018

Eduard Vallory Reloaded

Para todos aquellos que seguimos con devoción las enseñanzas de este líder natural del profesorado catalán estamos de enhorabuena. Ha vuelto.



En la agenda "Moleskine" incautada al exconseller Josep Maria Jover  aparece su chiringuito educativo "Nova Escola XXI" como buque insignia del que será el nuevo sistema educativo de la futura República Catalana. Un sistema educativo, ya ves tú qué cosas, tan innovador pero tan innovador que es incompatible con la figura del funcionario docente, que como todo el mundo sabe (y por si acaso, el diario Ara no deja de repetir) es la imagen misma de la pasividad y la incompetencia (entrada anterior en este mismo blog).

Sobre el papel del funcionariado (y su eliminación) recomiendo el artículo Funcionarios y emprendedores.

Muchos somos los que, angustiados, nos preguntábamos si este suceso acaso le impediría acudir a los medios (es decir, TV3) a iluminarnos con sus enseñanzas a nosotros, los pobres profes mortales catalanes, tan necesitados de ser guiados.

Y aquí lo tenemos, nuevamente en TV3, ungido en los sagrados aceites del liderazgo educativo. Por algún  motivo que desconozco, ahora ya no es presentado como presidente de Nova Escola XXI, no, ahora es representante de "SomEscola", y bajo esta nueva imagen se erige defensor de los derechos del profesor catalán, que expresa libremente su opinión en las redes, que es agredido y amenazado por las ordas españolas y españolistas, tan autoritarias ellas.

Os invito a verlo, os cambiará la vida: Sus referencias a los problemas de esa escuela murciana que quiere cambiar de nombre o no porque se llama "Escuela Primo de Rivera", el CNI pagando a un imán corruptor de jóvenes musulmanes perfectamente integrados en el sistema educativo catalán... eso es España.

Y el apoteosis final, magnífico ejemplo de la mejor televisión pública al servicio de la causa:

- Vallory comparte con nosotros que ha ido al teatro a ver una obra llamada "Incendio". En catalán y en español. Qué bien.

- El presentador pasa a publicidad. Tal vez para dejarnos un valioso tiempo para reflexionar sobre ello. (la publicidad en el vídeo aparece en negro)

- Se vuelve de publicidad y se emiten unas imágenes de un incendio en Nueva York. Aparece un rótulo indicando "En directo". No se entiende nada. ¿Metáfora? ¿Parábola? ¿Orla?

- Y finalmente, nuestro líder supremo, como broche final, comparte con nosotros una reflexión sobre el horrible caso de violación en grupo ocurrida en Pamplona. Y hace la siguiente reflexión: "No entiendo cómo es posible, que después de cuarenta años de democracia, todavía existan hombres que consideren a la mujer como un objeto". A ver quien es el guapo que puede rebatir en lo más mínimo semejante sentencia. Es imposible. El sistema educativo catalán necesita analistas como este. Es el elegido. The Chosen.

Muchos pensaréis que es el trozo de demagogia barata y tramposa más grande de la historia de la televisión. Pero quien soy yo para interpretar las palabras del Maestro. Yo os dejo el vídeo. Tenemos tanto que aprender...

 

Para saber más sobre Escola Nova 21 y Eduard Vallory: