domingo, 3 de diciembre de 2017

Voces valientes: Ricardo Moreno Castillo

Supongamos que una familia venezolana con un hijo de quince años se instala en Catalunya. Supongamos que el chaval llega con un excelente nivel de lengua castellana, un aceptable nivel de inglés y, naturalmente, sin ningún conocimiento de catalán. Finalizado el primer trimestre, los padres recibirán un boletín de notas que reflejará esta realidad, en forma numérica y por asignaturas:

Castellano: 10, Inglés: 5, Catalán: 0.

Un orden de cosas que es natural para cualquier persona excepto para la educracia de gurús que controlan en la sombra el sistema educativo catalán. Para ellos, semejante evaluación es agresiva, opresora, franquista, decimonónica, rancia... ¡Inaceptable!

Para el próximo curso todo esto debe cambiar. Las notas numéricas de 0 a 10  se reducirán a sólo cuatro "cualitativas": I-S-N-E, y las asignaturas deben diluirse en un sinfín de competencias y ámbitos. En vez de un boletín de notas, esta familia recibirá un mamotreto donde se detallará qué sé yo, que el chaval es muy competente para diferenciar los cuatro palos del flamenco, que debe mejorar en la competencia de "ingesta de cargols a la llauna", pero es competente en el flirteo en un chiringuto de Salou. Cuanto más absurdo más moderno. Las puntuaciones numéricas en asignaturas separadas deben dar paso a una evaluación "cualitativa" de la "competencia lingüística" del alumno, colegiada por el conjunto de profesores. En realidad todos sabemos que no existe la cosa "evaluación cualitativa", no existe la cosa "competencia lingüística" y no existe la cosa "evaluación colegiada", pero da igual, hay que darles la razón. Son los intocables del sistema. "Tú di que sí" es el principio fundamental de la carrera docente.

Otro ejemplo: Supongamos que un alumno es un genio de la música, pero incapaz para el dibujo. En una evaluación normal, esta situación quedará reflejada en el boletín de notas:

Música: 10, Dibujo: 0.

Pero esto, para los gurús educativos, es traumático, agresivo, y muy injusto (!!!) para el alumno, pues no refleja su "competencia artística", que tendrá que ser colegiada por el conjunto del profesorado. (La realidad, que no existe la cosa "competencia artística", les importa un pimiento, hay que seguirles el juego).

http://educacio.gencat.cat/documents/PC/Avisos/Projecte_Ordre_avaluacio_ESO.pdf

Y por el lado español la cosa todavía es más surrealista: Se le exige pasar una reválida, pero una reválida "a la española", la única reválida del mundo que es "muestral", es decir, no hace falta que la pasen todos los alumnos, no, sólo una muestra, unos cuantos, de aquí y de allí. Una reválida que tampoco es única, ni se corrige de forma única, y lo más increíble: tampoco puntúa para nada. Es la pura definición de lo que no debe ser una reválida. Pero se mantiene, ahí está, ¡la reválida existe!, pero sólo para no tener que devolver los 800 millones de euros que levantamos hace unos años a Europa para mejorar los resultados educativos, y que ya nos hemos gastado en vete tú a saber qué.

http://www.elmundo.es/espana/2017/11/27/5a1b1b6b22601d60628b463f.html

Todo esto, naturalmente, de espaldas al profesorado, obligado a acatar sin protestar semejante cadena de disparates. Obligado a contemplar como la corte de gurús educativos desmantelan año tras año el sistema educativo. Gurús educativos que se encuentran a todo el profesorado en contra, y como el loco del chiste no se dan cuenta que son ellos los que van en sentido contrario.

Por higiene mental, por dignidad, porque todavía no está todo perdido, merece la pena escuchar voces valientes que denuncian el disparate y no callan, como la de Ricardo Moreno en su conferencia "En contra de una escuela inclusiva":

http://www.forosociedadcivil.org/wp-content/uploads/2017/11/EN-CONTRA-DE-UNA-ESCUELA-INCLUSIVA.pdf
 



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